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Voices of Women: Bonifacia Rodríguez de Castro
06/03/2018 - 337 Vistas
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Santa Bonifacia Rodríguez de Castro 

(1837-1905)

 

Una patrona para la mujer trabajadora

 

POWERPOINT-Rosario Hernández

 

Con motivo de la celebración de la mujer trabajadora, el 8 de marzo, volvemos nuestra mirada a  santa Bonifacia Rodríguez de Castro, que hoy tiene plena actualidad.

Bonifacia fue una mujer trabajadora junto a otras trabajadoras de su tiempo, y hoy es un referente para el mundo femenino del trabajo.

Cuando todavía apenas habían aparecido los movimientos de liberación de la mujer, su mirada traspasa los muros de su pequeño taller artesanal y ve a las mujeres trabajadoras heridas por la injusticia y la marginación: mujeres sin trabajo, sin formación, sin cualificación laboral y sin futuro, y se compromete a promocionarlas para que se ganasen el sustento y alcanzaran la liberación social y económica que les permitiera su propia autonomía.

Su vida estuvo marcada por el trabajo desde su nacimiento hasta su muerte, como podemos constatar a través de algunos rasgos biográficos que subrayan su condición de trabajadora.

Trabajadora desde la adolescencia

Bonifacia Rodríguez de Castro nace en Salamanca (España) el 6 de junio de 1837.

Conoce desde la adolescencia la necesidad de trabajar para vivir. Hija de un sastre y primogénita de seis hermanos, tiene quince años cuando en febrero de 1853 fallece su padre. Como en tantos hogares de Salamanca de mediados del siglo XIX, la desaparición del cabeza de familia, única fuente de ingresos, sumía a la familia en la pobreza. María Natalia, madre de Bonifacia, comienza a trabajar como empleada doméstica y Bonifacia como cordonera, oficio que había aprendido a la perfección.

Cordonera en un taller propio

Hacia los 28 años ya se puede establecer por su cuenta y monta en Salamanca un taller de cordonería, pasamanería y otras labores. Hace del trabajo, además de un medio de sustento, un lugar especial de encuentro con Dios y tiene siempre como referente la vida sencilla de oración y trabajo de la Familia de Nazaret.

Amiga de las trabajadoras

Atraídas por su testimonio de vida, un grupo de chicas jóvenes (en su mayoría trabajadoras) comienzan a reunirse en su casa para pasar alegremente las tardes de domingos y festivos, recibiendo la formación impartida por el P. Francisco Butiñá, jesuita, y confidenciarse con Bonifacia que las aconsejaba con sabiduría y experiencia. Este grupo llega a formar la Asociación de la Inmaculada y san José, también llamada Asociación Josefina.

Promoción y evangelización de la mujer trabajadora: El Taller de Nazaret de las Siervas de san José

En octubre de 1870 llega destinado a Salamanca el jesuita catalán Francisco Butiñá i Hospital (Banyoles, Girona 1834-Tarragona 1899.

Sentía una gran inquietud por la evangelización del mundo del trabajo. Bonifacia y su madre, que se habían quedado solas, vivían muy cerca de la Clerecía, iglesia regentada por la Compañía de Jesús, y a ella acudían todos los días. Allí conoce Bonifacia al padre Butiñá y decide compartir con él su vida de fe.

Un día le comunica su decisión de ingresar en el convento de dominicas de santa María de Dueñas, en Salamanca. Pero Francisco Butiñá la invita a fundar con él una nueva congregación religiosa de mujeres trabajadoras. Tendría como objetivo apostólico la atención a la mujer trabajadora pobre que se veía en la necesidad de trabajar fuera de casa. Bonifacia accede con docilidad y en enero de 1874 nacen en Salamanca las Siervas de san José. Su madre, Carmen de Castro, es una de las siete que forman la primera comunidad. Bonifacia no sabe qué es lo que podrá ofrecer a las mujeres trabajadoras de su entorno, pero sí ha decidido estar a su lado y hacer camino junto a ellas buscando un futuro más humano y esperanzador.

Se trataba de un novedoso proyecto de vida religiosa femenina, que quiere seguir a Jesús, trabajador en Nazaret junto a José y a María, recreando en las casas de la Congregación el Taller de Nazaret.

Bonifacia fue una trabajadora toda su vida, no se desclasó por ser religiosa, sino que continuó hasta su muerte con el oficio de cordonera que había aprendido cuando era todavía muy joven.

El taller de las Siervas de san José acogía a las mujeres sin trabajo para enseñarles un trabajo. Les proporcionaban una formación cultural y laboral, ofrecían trabajo a mujeres pobres que carecían de él, preparándolas para que después de un tiempo en el taller pudieran tener su propia autonomía y estuvieran en condiciones de defender su autonomía, su dignidad y su pan. El Taller tenía una orientación claramente cristiana: dar sentido y horizonte a la vida de la mujer trabajadora para la que el trabajo cotidiano era un cauce privilegiado de encuentro con Dios. Las religiosas trabajaban codo a codo con mujeres que llegaban al taller.

Proyecto evangélico audaz y perseguido

A los tres meses de la fundación, el fundador, Francisco Butinyà, tiene que dejar Salamanca para no volver. Al año siguiente abandona también Salamanca el obispo Lluch i Garriga, trasladado a la sede episcopal de Barcelona.

Bonifacia se ve sola al frente de la Congregación en un ambiente hostil y de incomprensión hacia el nuevo proyecto. El clero salmantino no capta la hondura evangélica de esta forma de vida tan cercana al mundo del trabajo.

Destituida como Superiora de la comunidad.

En 1882, aprovechando un viaje de Bonifacia a Cataluña, adonde había acudido llamada por el P. Butinyà, para tratar de la unión con otras casas allí fundadas por él, es destituida como Superiora. De vuelta a Salamanca, Bonifacia rinde obediencia a la nueva superiora y se adapta con humildad a la vida comunitaria como una de tantas.

Apartada como fundadora

Humillaciones, rechazo y desprecios recaen sobre ella para hacerla salir de Salamanca, pues el director quería despojarla de su condición de fundadora y orientadora del Instituto. La única respuesta de Bonifacia es el silencio, la humildad y el perdón. Pero no se rinde ni claudica de los fines primigenios de la fundación, sino que se mantiene firme.

Como solución al conflicto, propone al obispo de Salamanca una nueva fundación en Zamora. El 25 de julio de 1883, acompañada de su madre, sale hacia esta ciudad, donde es acogida y apoyada por el obispo, el clero y la población en general que valoran y sostienen su obra.

Fiel a la mujer trabajadora

Ya en Zamora Bonifacia cumple con toda fidelidad el proyecto para el que había nacido la Congregación. Recoge en el Taller a jóvenes desamparadas y da asilo a criadas desacomodadas y las prepara para una vida de trabajo digno en el que se encontrasen con Dios como trabajadoras cristianas. Crea entre todas las moradoras del Taller relaciones humanas de igualdad, fraternidad y respeto.

Bonifacia sigue siendo cordonera, una trabajadora como ellas, pertenece a su clase social, y pone un extremo cuidado en la educación e instrucción de estas jóvenes que, sirviendo o en taller, tenían que ganar el pan con el sudor de la frente.

 “Ningún profeta es bien recibido en su patria”

Mientras tanto, la casa madre de Salamanca, bajo la guía del superior eclesiástico, lleva a cabo modificaciones sustanciales en las Constituciones del padre Butinyà y cambia los fines de la Congregación, orientándola hacia la enseñanza. Se desentiende totalmente de Bonifacia y de la casa de Zamora, dejándola sola y aislada, hasta el punto de que, cuando el papa concede en 1901 la aprobación pontificia de la Congregación, queda excluida la comunidad de Zamora. Bonifacia va a Salamanca buscando la unión, pero desde la puerta le dicen que tienen orden de no recibirla. Ni siquiera este nuevo rechazo la separa de sus hijas de Salamanca, a las que sigue queriendo y defendiendo, nunca sale de sus labios la más pequeña queja.

Fallece en Zamora, rodeada de cariño y veneración, el 8 de agosto de 1905. El 23 de enero de 1907 la casa de Zamora se incorpora al resto de la Congregación.

 “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”

El papa Juan Pablo II la beatifica en Roma el 9 de noviembre de 2003. En la homilía nos deja estas palabras sobre ella:

La sociedad actual, tentada a veces a convertir todo en mercancía y ganancia, deja de lado los valores y la dignidad que no tienen precio. Siendo la persona imagen y morada de Dios, hace falta una purificación que la defienda, sea cual fuere su condición social o su actividad laboral.

A esto se consagró enteramente la beata Bonifacia Rodríguez de Castro que, siendo ella misma trabajadora, percibió los riesgos de esta condición social en su época. En la vida sencilla y oculta de la Sagrada Familia de Nazaret encontró un modelo de espiritualidad del trabajo, que dignifica la persona y hace de toda la actividad, por humilde que parezca, un ofrecimiento a Dios y un medio de santificación.

 Una santa para la mujer trabajadora

Benedicto XVI la canoniza en Roma el 23 de octubre de 2011. En la homilía subraya con su palabra magistral y autorizada el servicio de santa Bonifacia a la mujer trabajadora y su peculiar aporte a la vida de la Iglesia:

La nueva Santa se nos presenta como un modelo acabado en el que resuena el trabajo de Dios, un eco que llama a sus hijas, las Siervas de San José, y también a todos nosotros, a acoger su testimonio con la alegría del Espíritu Santo, sin temer la contrariedad, difundiendo en todas partes la Buena Noticia del Reino de los cielos.

Nos encomendamos a su intercesión, y pedimos a Dios por todos los trabajadores, sobre todo por los que desempeñan los oficios más modestos y en ocasiones no suficientemente valorados, para que, en medio de su quehacer diario, descubran la mano amiga de Dios y den testimonio de su amor, transformando su cansancio en un canto de alabanza al Creador.

Patrona de la mujer trabajadora.

Las Siervas de san José estamos convencidas que santa Bonifacia es un don para las mujeres del mundo del trabajo y queremos acercarla a ellas para que siga velando por las que en vida eran “las niñas de sus ojos”.

Madre y maestra de mujeres trabajadoras, ofrece una alternativa humanizadora para el mundo del trabajo. El Taller no es solamente un lugar de trabajo, sino un modo de trabajar y de vivir. El Taller es hogar, acogida, encuentro, relación, formación, solidaridad, compartir, camino de un  mundo más humano, justo y fraterno.

La Congregación de Siervas de san José hemos hecho la propuesta de que santa Bonifacia sea declarada patrona de la mujer trabajadora. Para que esta propuesta se haga realidad necesitamos conocerla y darla a conocer más. Ella es una luz significativa para la mujer trabajadora.

  Victoria López Lauces, ssj

                                                                                         

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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