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Carmen González Tápia
14/08/2020 - 602 Visitas


Sonrisa acogedor y fe sólida


 

 Con profundo dolor en el corazón, pero con la esperanza que da la fe y la confianza depositada en Dios, que es Padre-Madre siempre, presentamos hoy al Señor la vida de nuestra hermana Carmen.

Señor de bondad, Tú nos has regalado la vida como un cántaro lleno de agua fresca que nos sirva para caminar por esta tierra. Hoy el cántaro de Carmen se ha roto, ya gastado, y el agua de la vida se derrama y corre como un río de gracia y amor hacia tu encuentro. Acógela, Señor en tu Casa para siempre.

Carmen había nacido en Martiago, provincia de Salamanca, el 2 de febrero de 1922, hace 98 años. Sus padres Luis y María Francisca tuvieron 8 hijos, un matrimonio cristiano, trabajador, honrado, que supo manifestar un amor grande a sus hijos y trasmitirle valores humanos y cristianos.

Carmen estudió bachillerato y Magisterio. Ingresó en la Congregación en Salamanca a los 25 años. Después de profesar fue destinada al Colegio de Salamanca y en 1952 a Cuba, al colegio de Placetas, fue estudiante en la Universidad de Santa Clara. En 1959 es destinada a Colombia. Estuvo Medellín, Manizales, vuelve a España, a Las Pedroñeras (Cuenca) y regresa a Colombia: Barranquilla, Bucaramanga, Medellín-Itagúí, Bogotá-Suba… en el año 2001 regresa a España y es enviada a la comunidad de MM. Mayores donde ha pasado sus últimos días.
Ha realizado diferentes servicios como Profesora, Maestra de novicias. Superiora, Administradora, Consejera local…

Si tuviéramos que definir a Carmen con una sola palabra sería la BONDAD. Fue reflejo de la bondad de Dios y descubría la bondad de cada persona. Siempre fue una persona buena, donde no cabía la maldad. Su bondad se manifestaba en su alegría y en una sonrisa amable a cada persona con la que se relacionaba. Su bondad se hacía valoración y admiración hacia los dones de los demás, capacidad de acogida y escucha. Prudente y respetuosa, delicada y fraterna, cercana y cariñosa. Agradecida a cualquier gesto cercano hacia ella. Sus palabras eran siempre positivas y cargadas de paz, humildad, caridad y esperanza. A varias personas les he oído decir, cómo me gustaría ser como la M. Carmen cuando yo envejezca.

Era compasiva y misericordiosa con los pobres y con las hermanas con las que ha convivido. Ha querido mucho y ha sido también muy querida.

De nuestra Fundadora se dice que “su bondad era notoria en Zamora”. De Carmen, podemos decir también que su bondad ha sido notoria en todos los lugares donde ha vivido. Su testimonio de bondad es una llamada para nosotros a vivir con bondad y amor.

Un segundo rasgo de Carmen es la FIDELIDAD. Mujer fiel a la llamada del Señor y feliz como Sierva de San José.

Mujer de una fe sólida y confiada en Dios, de una fuerte unión con Dios. Amaba profundamente a su familia, a los Fundadores, a la Sagrada Familia y a la Congregación. Tenía un amor especial a la Virgen.

Ya habrá escuchado del Señor: “Ven Sierva buena y fiel, entra en el gozo de tu Señor”.

Carmen, gracias por tu vida. Hemos disfrutado de tu presencia entre nosotras todos estos años, nos ha ayudado tu sonrisa acogedora de siempre, aun cuando estabas enferma. Te queremos y te pedimos que, al encontrarte con nuestro Dios, le pidas por nosotras, las Siervas de san José y especialmente por tu comunidad. Te queremos y te vamos a extrañar.

Tu comunidad de MM Mayores de Salamanca.
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