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Encarna Culebras Madrigal
14/08/2020 - 522 Visitas


Corazón grande y una memoria privilegiada


 
Falleció en Salamanca- MM. Mayores el 3 de agosto de 2020 a los 97 años de edad
 
Los creyentes tenemos el don de dar sentido a algo, que a la vista de todos no tiene sentido, como es la muerte. Para muchos la muerte es destrucción total, pero para los que creemos, la muerte es una puerta que se abre y nos lleva a Dios Padre para siempre.
 
Esta vez celebramos el paso de la muerte a la vida de nuestra hermana Encarna. Qué difícil resulta resumir en unas líneas su vida. Tampoco quisiéramos limitarla a esta última etapa de su última enfermedad. Su vida es un todo y todo tiene sentido para quien sabe ver.
 
Encarna había nacido de unos padres: Juan y Sixta, honrados, trabajadores, creyentes, caritativos, buena gente, en Villanueva de la Jara (Cuenca) hace 97 años. Ingresó en la Congregación a los 23 años. Fue enviada a diferentes Colegios y realizó diferentes servicios: profesora, administradora, superiora local, secretaria provincial y general, consejera general.
 
Encarna tenía una inteligencia clara, un corazón grande y una memoria privilegiada. Mujer de una sola pieza, sincera y honrada, responsable y delicada, acogedora y entrañable, agradecida y cariñosa, tierna y fiel, apasionada y, a la vez, paciente, aguda y precisa en sus afirmaciones, prudente, con capacidad de admirar y disfrutar con los dones y valores de los demás… mujer de quien te podías fiar. Podríamos definir a Encarna como la mujer que armonizaba cabeza y corazón, y también como la mujer que supo amar.
 
Mujer centrada en Dios, de una fe firme y aterrizada, y de una caridad que brotaba de su corazón trasparente, como los chorros de agua del nacimiento del río Cuervo. Su confianza en Dios la acompañó en todo momento y situación.
 
Quiso mucho a su familia y se sintió muy querida por ella, especialmente por sus hermanos y sobrinos. Cómo ha disfrutado cada vez que venían a verla o la llamaban por teléfono.
 
Quiso también mucho a la Congregación donde ha sido muy querida y ha vivido feliz. Colaboró positivamente en los Capítulos Provinciales y Generales a los que asistió desde una actitud de apertura y profundización en el carisma congregacional, ayudando a dar pasos en la iglesia del post-Vaticano II.
 
En estos últimos años ha sido un ejemplo de paciencia para nosotras, sus hermanas de comunidad, y especialmente en sus últimos días, sabiendo los dolores que le acompañaban en su enfermedad, hemos admirado su aguante y su serenidad, agradecemos a Dios su vida.
 
La Sagrada Familia y los Fundadores la han acompañado en este paso definitivo hacia el Padre.
 
Creemos que se habrá encontrado con Dios y gozará de su presencia para siempre. Habrá escuchado de él “Ven, sierva buena y fiel, entra la Casa de tu Señor”.
 
Encarna, descansa en paz. Te queremos.
 
Tus hermanas de comunidad.
 
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