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Aurora de la Fuente
07/10/2016 - 412 Visitas


Compromiso y audacia

Valoración: 5/5
 

 

 

UNA HISTORIA DE AMOR Y FIDELIDAD…
UNA AVENTURA FASCINANTE…

 

Hace ya 60 años y con 24 años, Aurora llega a Colombia  cargada de pasión por el Reino. Su corazón rebosante de vida, lleno de un Carisma que la comprometía en fidelidad cotidiana y  a la escucha del Espíritu se fue dejando moldear y  transformar por el Dios que siempre la miró con ternura y misericordia. “No abandones la obra de tus manos…” era su  oración permanente.

 
Se fue consolidando en ella una Espiritualidad nacida del Nazaret que contemplaba cotidianamente en los rostros de los pobres y de la Palabra de Dios que diariamente escuchaba y meditaba  con corazón amoroso y atento.
 

Fue una mujer aguerrida que tenía muy clara su misión en este mundo. Se le metió en las entrañas la exclusión, el dolor y la pobreza de quienes vivían allí donde se acaba el asfalto y no llega el agua, la luz ni las oportunidades.

Estaba convencida que su mayor revolución era la educación  para que las personas pudieran salir adelante con dignidad,  sintiendo que tenían un puesto en esta sociedad.
 

Para Aurora no había obstáculos, lo que se proponía lo conseguía con su tesón e involucrando a muchas personas en su misma causa: sacar adelante a los pobres.
 
 
Su corazón lleno de muchos rostros, historias, situaciones, sentimientos…  buscó dar respuestas y soluciones a las muchas necesidades, conflictos y dificultades que vivía la gente. Trabajó por sostener la esperanza y fortalecer la confianza en la persona.
 
 
Tuvo muy claro que todo lo que tenía era de los pobres, esto la llevó a vivir una vida austera y sencilla que le permitía mantenerse en continuo cuestionamiento frente a sus opciones de vida.
 

Jesús fue el centro de su vida. Por El y como El, vivió entre la gente sencilla generando posibilidades de vida. Por eso superaba todas las barreras y su entrega apostólica era incansable. En el 2009, después de dejar Fe y Alegría, organizó con un equipo de laicos la Institución Técnica San José Obrero, obra de la Congregación, dando respuesta a muchos jóvenes de la comuna nor-oriental de Medellín.
 
 
Te nos fuiste Aurora, pero dejaste en esta tierra la semilla del Reino sembrada en muchos corazones. Agradecemos tu vida gastada en una misión que te hizo feliz y dio sentido a tu vida. En estos momentos estarás ya en el corazón del Padre, descansando y satisfecha por haber realizado la labor encomendada.
 
 
Las hermanas de Colombia seguimos orando agradecidas al Dios de la vida que nos permitió compartir contigo tu ser de Sierva de San José y tus luchas por dar respuesta a lo que Dios esperaba de ti.
 
 
Aurora quiso compartir sus experiencias de vida y misión a través de su libro “La educación para todos, una aventura fascinante” (Noviembre 2015).
 

De él transcribimos su testamento:

  

MI PROPIO TESTAMENTO  
 
   

Poned en mi tumba mi nombre

y mi apellido: Religiosa.

y nada más.
 

 

Porque jamás he sido ni querido ser otra cosa.

Cuidad de que mis manos queden libres

o mostrando el anillo de consagrada

y nada más.
 

 

Procurad que mis ojos estén cerrados

como mirando intirnamente

una historia de amor que se comienza desde un lejano día de San Andrés.
 
 

Y decidle a la gente que me perdone si tantas veces me ahorré,

yo que era para ser repartida  

como el pan de los pobres

que a veces brotaba de mis manos
 
con destino a los niños colombianos 

y me hacía feliz.
 

Explicadles que hubiera deseado

poder decir a todos 

que yo sabía bien en dónde estaba 

la fresca fuente fría de la que mana el bien.
 
 

Atrapada por Él en la lejana 

jaula de mis veinte años,

¡cuántas veces quise ser otra cosa! 

Y me descubrí siendo

tan solo expropiada por utilidad pública, 

como un cisne encerrado en un pequeño lago.
 
   

Y… ¡cómo me crecían las espigas

de tantas obras salidas de mis manos!

 

Y… ¡cómo me guiaba!

sin saber quién ni a dónde

con mi maternidad dormida

pero nunca atrofiada.
 
 

Y al fin despertando con fe y con alegría 

sembrando las laderas de la ciudad 

de escuelas y talleres, 

de centros de salud y de acogida, 

de casitas hermosas para familias pobres

donde el pan trabajado repartía.
 

Y mi espalda cargaba con solitario asombro

tantas responsabilidades y trabajos 

que no hubiera podido soportarlos

si alguien detrás de mí no hubiera

sostenido mis delicados hombros.
  

Y yo, que daba tanto amor y tanto apoyo,

que mis palabra y obras sostenían muchas vidas humanas,   

no encontraba para mí ni un mendrugo

que pudiera saciar el alma mía.
  

Ahora ya sé bien que nada hice que fuera mío. 

Que yo ponía ladrillos y pupitres,

o bancos de trabajo y armonía, 

en talleres y bosques.
  

Alguien lo convertía en carne y sangre de pueblos

a quienes yo servía.
 

Que yo no sabía jamás quién daba el incremento

a lo que yo sembraba.

 

Pero el tallo crecía

y la parcela del Reino se extendía  

y que mi voz también amanecía en otros

aunque era noche en mí.
  

¡oh noche que guiaste cada día mis pasos!

¡y que ahora me sigues sosteniendo en el cansancio! 

¡noche que multiplicas mi diminuto amor! 

¡noche que alumbras mi paso vacilante hasta el final!  

Déjame bendecirte con mis manos cansadas,

con mi maternidad que repunta en mil hijos sostenida.

Y con mi ancianidad, que está cercana, 

y se inclina al AMOR agradecida.

 

 

 
 
 

 

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